martes, 30 de diciembre de 2008

AVENTURAS EN EL METRO DE NY


Hoy, como casi todos los días, bajamos hasta la biblioteca pública de NY. Salimos de casa y fuimos hasta la parada del metro que queda aquí al ladito. Toni entró primero mientras yo sacaba el tiquet, y qué gracia. De repente, me doy la vuelta y miro hacia él, que estaba justo pasando por las barras de entrada, ¿sabes?, las que hay en los metros que son como tres barras, que pasas el tiquet por la ranura y las barras giran y puedes pasar. Bueno, pues cuando estaba pasando Toni, justo me di la vuelta y miré hacia él, y de pronto veo a un señor chino, (o japonés, o nipón, o lapón o mongol) y veo que está justo pegado al culo de Toni, pero como si fueran dos personas en una. Me quedé muy extrañada y petrificada, porque aquí las distancias se respetan un montón, la gente no se toca ni se acerca demasiado en los sitios públicos, sobre todo si son extraños, y por descontado que nada más te rozan, ya están diciendo “excuse me” o “I´m sorry”. Pues voy y veo que Toni tenía al chino éste pegao a la espalda como un sello, en un gesto como muy extraño que sólo duró unos segundos. Toni pasó por las barras, con el otro pegao a él, y me miró con cara como de sorpresa y con las cejas levantadas, como preguntándose qué había pasado. Por supuesto, ni excusemes, ni aiamsorris; el tío, aún siendo de Oriente, se hizo más el de Cobas que el dueño de Beceiro. A mí de repente me empezaron a temblar las manos, de puro extrañamiento, porque no sabíamos qué había pasado. Rápidamente, bueno, tan rápido como hubiera de esperarse, Toni se dio cuenta de que podían haberle robado la cartera, así que echó la mano al bolsillo. Pero, el gesto afortunadamente fue fallido, porque la cartera la tenía en la mano, porque aun estaba guardando su tiquet en ella. Así que no había sido la cartera. Así que por descarte, ya nos dimos cuenta de lo que había pasado: el señor nipón, todo elegante que iba, con su pantalón de traje, sus zapatos corte salón y su incipiente calva, se había colado sin pagar el metro. Sólo fue eso, pasó junto a Toni los dos en la misma tacada para no tener que pagar su tiquet. Bueno, y ya nos relajamos y aprendimos el truco, como dice mi sabia hermana, por si algún día nos pilla el tema éste sin cambio en el bolsillo. Pero no veas que susto al principio. Hay que ver que los señores también se cuelan en el metro. POr lo visto parece ser que este tipo de operaciones son bastante frecuentes en las grandes ciudades, pero la primera vez que te pasan cosas así pues te mosqueas y te dan ganas de sortearle unos bofetones al señor nipón o a quien sea por sobarte las posaderas.
¡Hay que ver!
¡Feliz Navidad a todoooooooooooooooos!

No hay comentarios: